En la madrugada del viernes, Rusia ejecutó el mayor ataque aéreo contra Ucrania desde el inicio del conflicto en 2022, lanzando más de 400 drones y 45 misiles sobre Kiev y al menos otras nueve regiones del país. Este ataque, que dejó al menos cuatro muertos y 49 heridos, fue calificado por Moscú como una “respuesta a las acciones terroristas” de Ucrania, en alusión a recientes ataques contra aeródromos militares rusos y otras infraestructuras estratégicas.
Según el Ministerio de Defensa ruso, el bombardeo fue una operación “masiva con armas aéreas, marítimas y terrestres de alta precisión y largo alcance, así como con vehículos aéreos no tripulados de ataque”, dirigida exclusivamente a “objetivos militares”, incluyendo fábricas de armamento, talleres de ensamblado de drones, centros de instrucción de pilotos y depósitos de armas.
Sin embargo, las autoridades ucranianas reportaron que los ataques impactaron en infraestructuras civiles y edificios residenciales en nueve provincias, incluyendo Kiev, Leópolis y Ternópil. En la capital, tres trabajadores de los servicios de rescate murieron mientras respondían a emergencias causadas por los bombardeos. Además, se registraron daños significativos en el sistema de transporte público y en otras infraestructuras críticas.
El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, condenó el ataque y pidió a la comunidad internacional que aumente la presión sobre Rusia para detener la guerra. “Es el momento de que Estados Unidos, Europa y todo el mundo podamos detener esta guerra presionando a Rusia”, escribió Zelenski en sus redes sociales. “Si alguien no presiona a Rusia, le está dando a la guerra más tiempo para cobrarse vidas, y esto es complicidad y responsabilidad”.
Este ataque se produce pocos días después de que Ucrania llevara a cabo una operación que destruyó entre 15 y 40 aviones estratégicos militares rusos en aeródromos dentro del territorio ruso. El presidente ruso, Vladímir Putin, había prometido una respuesta contundente a estas acciones, que calificó de “terroristas”.
La escalada del conflicto complica los intentos de negociación de un alto el fuego, aunque se espera un nuevo intercambio de prisioneros de guerra este fin de semana, según anunció Zelenski. Mientras tanto, la población ucraniana enfrenta una situación cada vez más precaria, con infraestructuras dañadas y un número creciente de víctimas civiles.













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